DIARIO DE UNA ALBAYZINERA 1920

Ciber-novela por entregas en formato de Diario

16 AGOSTO DE 1920, LUNES

Narrado por la autora
MaRGaRiTa MaRíN


Querido Diario:

Pues ya empezamos con los arreglos pa´l día de la Virgen (de las Angustias). Ni punto de comparación con el Domingo de Ramos o el Corpus, pero también tiene su tareilla, oye.

Como son tantos días sin leerles a la niñas el Conde de Montecristo, en vez de leerles todas las entregas pasadas les he hecho un resumen de lo que hay hasta ahora y mañana volveremos a coger nuestro ritmo normal con el folletín.

Se va aclarando el tema de los árboles con alguna explicación que ha dado el Sr. Cendoya, el arquitecto de la Alhambra, que asegura que no es que se esté quitando el bosque, sino que se están cortando árboles muertos que si se dejan le quitan salud a los sanos, o árboles que con su crecimiento descontrolado dañan o pueden dañar las murallas o cualquier otra edificación del conjunto.

Papa-Antonio dice que eso es cierto, que, obviamente, los bosques para que crezcan bien hay que sanearlos de vez en cuando, pero hay mucho “entendío en vereas” suelto y no cree que el criterio de un arquitecto, por mucho prestigio y buen hacer demostrado que tenga, sea el adecuado para esto;  que ahí, quienes tienen que intervenir y tomar decisiones son los ingenieros de Montes que son los que saben de verdad de eso:

En consonancia con el trabajo de restauración que se está llevando a cabo, no te digo que no, pero eso tiene que estar vigilado y dirigido por los que entienden de esos menesteres, que “quien mucho abarca poco aprieta”, y la soberbia de “algunillos”, por muy “Modesto” que se llamen de nombre de pila, puede ser muy dañina. Y este hombre, manque fuera con buena fe, “le ha dado tanto a la tijera” ya, que  va a hacer falta un plan de reforestación, sí o sí, porque a la vista está que ha dejao el cerro pelaíco.

Vamos, que le otorga un diplomático “sí pero no” en toda regla, con un “zapatero a tus zapatos” finamente encubierto.

¡Ay, mi Papa-Antonio, lo que lo quiero, mare mía!

¡Que Dios me lo conserve muchos años! porque con él a mi lao no hay escuela que me lo supere.

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