DIARIO DE UNA ALBAYZINERA 1920

Ciber-novela por entregas en formato de Diario

14 NOVIEMBRE DE 1920, DOMINGO

Narrado por la autora
MaRGaRiTa MaRíN


Querido Diario:

Pues ya que se iban a cumplir dos meses sin un contagio de tifus en Granada y nos las prometíamos felices, resulta que ahora hay rebrotes de viruela por la provincia y son ya 300 personas las que han muerto en España en este último semestre.

Y por no hacer las cosas bien. Hoy estuve hablando con Manolín de eso precisamente cuando bajé al patio a por agua que lo ví.

Resulta que en verdad la vacuna es obligatoria desde hace años pero los ayuntamientos no están vacunando y los que sí han puesto vacuna no han puesto la de recordatorio. Y, lo que es peor, no hacen tampoco campañas de concienciación.

-Es que hay mucha ignorancia y desconocimiento- me dice Manolín- Habiendo ciencia es incomprensible que sigamos así.

Es que la verdad que es un poco “yo qué sé” lo de la vacuna. Pensar que te están metiendo pus de vaca en el cuerpo da como repelús… Y como que la gente tampoco se anima.

¡Tonterías! Eso hay que verlo como si fuera una medicina. Está ya más que visto y comprobao que el método funciona, no hay que ver otra cosa. ¡Mira los niños aquellos que se llevaron para América si no salvaron vidas!

-No, si yo que la he pasao, no me lo pensaría. Era muy chica pero me acuerdo perfectamente de lo mal que lo pasé… Me aislaron en una habitación, se llevaron a mis hermanas de la casa pa’que no se contagiaran, me picaba muchísimo las pupas y me vendaron las manos con calcetines para que no me rascase… Y luego, si sobrevives, todo el cuerpo lleno de cicatrices de por vida…

-¡Ay, pobretica, tan chica ella y por lo que tuvo que pasar!- me dijo mientras me echaba el brazo por encima y me daba un achuchón mientras me daba un besico fraternal de laíllo en la cabeza pa’consolarme.

-Cuando yo tenga niños los pienso vacunar contra la viruela, manque me cueste los dineros. ¡Por nada en el mundo los dejaría yo pasar por eso!

Claro, a nuestros hijos nunca les va a faltar de nada y menos teniendo un padre boticario…

-¿Nuestros hijos?

Claro, los que tengamos cuando nos casemos– me contestó todo convencido.

¿Cuándo nos casemos?– yo pa’mí que no nos estábamos entendiendo…

¡Naturaca de la vaca!

¡JA! ¿Casarme yo contigo? ¡Estaría de ver!

Pues ponte gafas.

-¡Lo que voy a ponerte es la cara coloráh del bofetón que te voy a dar como no me quites la manica esa del hombro!- (Es que hasta ese momento no me había dado cuenta que seguía con el brazo echao por encima)

-¡Ojú, qué carácter, reinilla! Si esto es ahora, cuando seas vieja no va a haber quién te aguante… Salvo yo, claro, que seré tu paciente y leal esposo- Terminó diciéndome con ese parpadeo de galán de cinematógrafo que me siempre me hace pa’derrotarme.

-Mira que eres payasote- Ya no pudimos más que reírnos –¡Déhate de novios, casamientos y niños que somos mu’chicoh pa’eso!

No pasa ná, Quiquilla, la falta de años se arregla con el tiempo… lo que tenemos que solucionar es “el arreglo” entre nosotros.

¡Anda, anda, baranda!- Concluí mientras me marchaba ya pa’la casa con mi agua –¡Aviao vas, muchacho!

¡Hasta mañana, Reina Mora!

-¡Hasta mañana, Sultán!

Como una cabrica está er chiquillo… pero tié’su gracia.

¿Quiénes fueron aquellos niños que salvaron vidas en américa? Puedes conocer esta historia sobre la vacuna de la viruela sigue leyendo:

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